domingo, 16 de agosto de 2009

Cómo fue la Estrella la única cofradía que salió en la Semana Santa de 1932

En el mundillo de las cofradías sevillanas, donde tanto han proliferado siempre los historiadores aficionados, tan llenos de curiosidad como escasos de rigor, es de fama el episodio protagonizado por la hermandad de la Estrella durante la primera Semana Santa de la II República Española. Aquella vez, la cofradía trianera fue la única que realizó estación de penitencia a la Catedral, verificada el 24 de marzo, Jueves Santo. Este fue el hecho. Sobre las circunstancias que lo rodearon se ha dicho y escrito mucho, por lo general sin ceñirse en demasía a una verdad a la que vamos a tratar de aproximarnos en las siguientes líneas.

Se atribuye al responsable de la propaganda nazi, Goebbels, una máxima según la cual toda mentira, a base de repetirse, se acaba asumiendo como verdad. Algo de esto es lo que ha venido ocurriendo con la repetición, constante y durante lustros, de los motivos que impidieron a las cofradías realizar su estación de penitencia en 1932. Entre el pueblo es criterio aceptado lo que hace no mucho, en 1993, publicaba una miscelánea con relatos, sucedidos y tradiciones semanasanteras, donde se reiteraba que: " En 1932, recién proclamada la República, las hermandades sevillanas, por temor a incidentes callejeros, decidieron unánimemente suspender sus tradicionales estaciones de penitencia.".

La cuestión no fue exactamente así. La auténtica razón que llevó a las cofradías a no salir tenía más que ver con la política. En aquellos días, estaba en pleno apogeo el debate sobre el carácter laico que debería tener el Estado Español bajo el nuevo régimen. Algo que con la mentalidad de hoy nadie se atrevería a discutir, pero que entonces dio lugar a formidables tensiones. Como bandera para su lucha, estos sectores promovieron la suspensión de las procesiones de Semana Santa. Su justificación vino a ser que, puesto que un estado laico no iba a poner crucifijos en las escuelas, tampoco querría tenerlos en las calles. Espoleados por la Iglesia y por los partidos más conservadores, opuestos al gobierno de Lerroux o simplemente al régimen republicano, muchos hermanos mayores empezaron a plantearse la posibilidad de suspender la Semana Santa.

Adalides de la no salida de las cofradías fueron, según detalla la prensa del momento, dos hermanos mayores: el de San Roque, Manuel Sarasúa, y el de San Bernardo, Antonio Filpo Rojas, quienes convocaron a los hermanos mayores del resto de las corporaciones a una reunión en el Pasaje Oriente donde se propuso formalmente la cuestión. El asunto dio lugar a una crispada discusión, pero la intervención posterior del Arzobispado, a través de su órgano oficial de entonces, El Correo de Andalucía, apoyando la suspensión de la Semana Santa haría decantarse por esta opción a la mayor parte de las cofradías, pese a que en no pocas de ellas, la Macarena por ejemplo, hubo notables enfrentamientos por esta causa. El caso es que a marzo se llegaba con la decisión tomada: Las cofradías no saldrían ese año. Pero hubo una excepción.

La hermandad de la Estrella, una corporación entonces humilde, con pocos hermanos, ninguno de ellos miembro activo de partidos o con intereses políticos, determinó en su cabildo que sí realizaría la estación de penitencia. Veinte a seis fue el resultado de la votación a favor de la salida. ¿Cual pudo ser el motivo que llevó a los hermanos de la Estrella a contravenir el acuerdo del resto de las cofradías? No está claro, pero sí que la decisión reportó importantes críticas a la hermandad. A los pocos días de tomada, el diario El Sol, de Madrid, publica unas declaraciones de un conocido cofrade de Pasión, Miguel Bermudo, quien señalaba que " ...esa cofradía es una pobrecita, con muy pocos cofrades" y continuaba explicando que "En la reunión de hermanos mayores del Pasaje Oriente el delegado que envió explicó que su hermandad era de 'capiroteros', es decir, amigos de la parte espectacular de la salida, y de poco fondo religioso".


Aunque rechazada y menospreciada por el poder cofradiero establecido, la salida de la Estrella fue recibida con júbilo por el pueblo. Cuentan las crónicas que hasta la mudá de los pasos concitó una curiosidad hasta entonces inusitada. La causa de que tuviera que posponerse hasta el Jueves Santo radicó en que, siendo en efecto una cofradía humilde, para poder salir dependía de la subvención municipal, y ésta no llegó el Domingo de Ramos.

Rodeados de trabajadores del muelle y hermanos de paisano, algunos con navajas al cinto para aventar posibles provocaciones, los pasos salieron de San Jacinto a las cinco menos veinte de la tarde entre el clamor de miles de personas que se congregaban en la calles trianeras. Y aunque no esperados por quienes habían promovido el boicot -Manuel Bermudo explicaba en sus declaraciones a El Sol para justificar la no salida de las procesiones que "la idea del miedo hay que descartarla en absoluto. No creemos que pudiera ocurrir nada..."- lo cierto es que hubo incidentes. El más grave pasó inadvertido. En la plaza de la Magdalena -entonces llamada del Pacífico- alguien tiró una bomba fabricada con una perilla de cama. No explotó y de su presencia no se percató nadie hasta que el paso (que llevó la bomba encima casi todo el camino) se desmontó esa noche. Lo más espectacular, sin embargo, sucedió ante la puerta de San Miguel. Cuando el palio de la Virgen se disponía a entrar en la Catedral, un anarquista de San Juan de Aznalfarache llamado Emiliano González, realizó tres disparos contra la imagen y salió corriendo perseguido por la masa. Un guardia impediría que lo linchasen en la calle San Gregorio.

El Correo de Andalucía -periódico no afín precisamente a la causa de la Estrella- destacaría al día siguiente que la procesión continuó con normalidad hasta San Jacinto, donde entró a las once de la noche entre innumerables vítores y saetas.

Estos fueron los hechos. La Estrella no hizo frente a un peligro que, según los propios responsables del boicot, no se esperaba. En realidad se enfrentó a la decisión unánime del resto de las cofradías. O, mejor, no se enfrentó a nada; tal vez fuesen los demás quienes se enfrentaron a la tradición.

El caso es que, el episodio y los sucesos que en él acontecieron vinieron bien para fabricar durante el franquismo la leyenda de una cofradía que hizo frente al peligro de los comunistas y salió a la calle cuando las demás no se atrevieron por miedo.

Ocurrió que, un par de años después, en 1934, saldrían trece cofradías y en 1935 y 1936, volverían a hacerlo todas las hermandades. No pasó nada entonces, de lo que se deduce que el peligro no debía ser tanto como se nos ha venido contando, cabiendo colegir, que bien pudieran haber sido los boicoteadores responsables en gran medida del crispado ambiente en el que se desarrolló la Semana Santa del 32 y la salida de la cofradía de la Estrella que, en efecto, fue Valiente, pero no exactamente por las razones que hasta hace no demasiado tiempo nos han venido contando.

Por: Martillo de Plata

3 comentarios:

BITÁCORA SANJUANERA dijo...

Ultimamente te ha dado por la historia ehhh? jejeje. Te reto a que encuentres alguna leyenda de estas sobre alguna imagen o cofradía de Alcalá.

SALUDos y bss.

Ah! PD: La de los cigarrones no vale. jejeje.

Francisco J dijo...

Pos si que me lo has puesto dificil tu.

PD: Te tengo que enseñar mi auténtico azuelejo de: "Aquí vive un Cofrade" que el otro día lo vi y me lo compre.

BITÁCORA SANJUANERA dijo...

Joooo!! Qué envidia! Donde? Yo quiero uno para mi portaaaaal!!!

Bss.